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Home » Novedades » Hidratación y Alimentación sana durante el Verano

El verano trae aparejadas otras rutinas, otros hábitos y otros tiempos. Si bien aconsejamos seguir una alimentación balanceada y equilibrada durante todo el año, es preciso tener algunos cuidados especiales durante esta época. 

Debemos tener en cuenta que, debido al calor, hay mayores probabilidades de deshidratación. Las altas temperaturas exponen el cuerpo a exigencias que pueden compensarse con una correcta hidratación y el cuidado del sistema digestivo. Por esto, hay que beber mayor cantidad de agua y priorizar el consumo de alimentos frescos.

Desde Clínica y Maternidad del Sol queremos brindarte las siguientes recomendaciones para que puedas disfrutar estos meses de calor sin poner en riesgo tu salud.

UNA BUENA HIDRATACIÓN

Hidratarse es clave para la correcta regulación de la temperatura interna, para el transporte de nutrientes y para la lubricación de las articulaciones. Es altamente recomendable tomar -mínimo- 2 litros de agua a lo largo del día. Hay que tener en cuenta que la sed se presenta cuando ya existe cierto grado de deshidratación, por lo que es indispensable anticiparse a la sensación sedienta.

Para todos los casos, es importante reducir el consumo de bebidas alcohólicas, cafeína e infusiones y comidas muy calientes, debido a su alto contenido en sodio.

La deshidratación es la pérdida excesiva de líquidos del cuerpo que no son repuestos. Puede ser muy peligrosa si no es tratada a tiempo, ya que evita que los órganos funcionen correctamente.

Son muchos los factores que influyen en la cantidad de líquido que es necesario beber; ésta varía según la edad, el sexo, el metabolismo de cada persona y la cantidad de actividad física que se realiza. Los mayores, bebés, niños y personas con enfermedades crónicas (como la diabetes no tratada, enfermedades renales o alcoholismo) deben tener especial cuidado, ya que sus mecanismos de detección de la sed no siempre funcionan de manera adecuada o pueden no percibirse a tiempo. 

Además de los factores de riesgo ya mencionados, hay distintas causas que pueden producir un estado de deshidratación: 

  • No tomar suficientes líquidos durante la época de verano o con altas temperaturas.
  • Enfermedades diarreicas, como por ejemplo gastroenteritis. 
  • Sudoración excesiva por actividad física o fiebre alta.

Los síntomas de la deshidratación leve o moderada son:

  • Sed.
  • Boca seca o pegajosa.
  • No orinar mucho, o que la orina sea de color amarillo oscuro.
  • Dolor de cabeza.
  • Piel seca y fría.
  • Calambres musculares.

La deshidratación grave es considerada una emergencia que puede tornarse, incluso, mortal. Hay distintos signos que pueden estar alertando sobre ella:

  • Orinar poco, o una orina amarilla muy oscura o de color ámbar.
  • Piel seca y arrugada.
  • Irritabilidad o confusión.
  • Mareos o desvanecimiento.
  • Latidos cardíacos rápidos.
  • Respiración rápida.
  • Ojos hundidos.
  • Apatía.
  • Hipotensión arterial.
  • Alteración del estado de consciencia.

Signos de alerta en un bebé o niño menor de 5 años:

  • Si tiene más sed que de costumbre, llora sin lágrimas, tiene la boca seca o si orina menos de lo habitual.
  • Si tiene los ojos hundidos.
  • Si tiene vómitos o hace caca muy seguido.
  • Si está irritable, decaído, no quiere beber o tiene fiebre.
  • Si la materia fecal tiene moco o sangre.

Ante estos síntomas, concurrir INMEDIATAMENTE al Centro de Salud más cercano.

UNA CORRECTA ALIMENTACIÓN

El consejo más saludable y repetido, sobre todo para este período del año, consiste en optar por preparaciones livianas y nutritivas, evitando lo más posible el alto contenido graso.

Las frutas de estación -como el melón, la sandía, las naranjas y las uvas- son ideales para ingerir cuando hace calor, ya que contienen un alto porcentaje de líquido.

Las verduras crudas también resultan ideales ya que, al no ser cocinadas, conservan intactos su humedad y nutrientes. Es importante -¡y divertido!- combinar colores a la hora de encarar preparaciones nutritivas y livianas. 

Se deben evitar los fritos y las preparaciones excesivamente grasas, no sólo porque demoran la digestión y aportan una cantidad elevada de calorías, sino porque además pueden producir malestar general o problemas digestivos en épocas de altas temperaturas. Tener cuidado, en este mismo sentido, con los alimentos envasados.

NO deben eliminarse de la dieta los lácteos, carnes, cereales, aceites y huevos. Las proteínas, hierro y calcio que cada uno aporte son fundamentales durante todo el año.

Recomendaciones sobre la conservación de alimentos y la preparación de comidas

  • En estos días de mucha temperatura, es fundamental mantener la cadena de frío, sobre todo en caso de carnes rojas, pollo y pescados, y evitar todos aquellos alimentos que han estado expuestos al calor (por la posible propagación de microorganismos peligrosos). Al momento de las compras, podemos tomar las provisiones que necesiten heladera al final del recorrido para que estén el mayor tiempo posible al frío. En nuestras casas, todo –crudo o las sobras ya cocinadas- deben conservarse en la heladera. En este sentido, recomendamos no guardar ninguna sobra en el horno o a temperatura ambiente. 
  • Es preferible no recalentar las comidas más de una vez.
  • Al cocinar, debemos lavarnos bien las manos, así como también limpiar con agua potable todo lo que se vaya a comer crudo. 
  • No se deben utilizar los mismos cuchillos ni las mismas tablas para cortar alimentos crudos y cocidos, ya que pueden transmitirse bacterias mediante estos utensilios.
  • En caso de partir hacia la playa, hay que ir preparados para evitar descuidos. Llevar alimentos frescos en una conservadora para asegurarse de que no pierdan el frío. De lo posible, separar en recipientes herméticamente cerrados (sobre todo, en caso de ensaladas).
  • En caso de querer comer sándwich–sobre todo si se trata de varios días seguidos-, aprovechar para variar el contenido. No deben estar siempre hechos con fiambre; variar con pollo, carne fría, huevo, lechuga, tomate, berenjena, zanahoria, zapallito, y otras miles de verduritas. También es aconsejable reducir la cantidad de pan, utilizando rodajas finas. ¡Se pueden hacer de muchas formas, colores y sabores!

Es importante que las vacaciones sean una época de pausas y respiros, pero sin que esto implique desatender una sana alimentación y una correcta hidratación.

¡En verano descansamos de todo, menos de la salud!

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